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Geografía e Historia > Contemporanea | |
El siglo XIX comienza con la guerra de independencia que lleva a la invasión de la península por parte de las tropas francesas. 11 de Mayo de 1813, en el marco de la Guerra de la Independencia de España a causa de la invasión napoleónica, Castro Urdiales fue saqueada, destruida e incendiada por las tropas francesas formadas realmente por mercenarios italianos al servicio de Napoleón. Del total de 309 castreños, el barrio de Islares sufrió 11 víctimas, siete mujeres y cuatro varones según el detalle de la carta que Santiago Fernandez, miembro de la corporación municipal de Castro Urdiales remite a Fernando VII . “... el día 11 de mayo de 1813, la villa de Castro-Urdiales fue reducida a cenizas, y casi todos sus habitantes que se hallaron en ellas a la entrada de la División Francesa que la sitió, fueron pasados a cuchillo por los enemigos sin perdonar al anciano respetable, a la inocente doncella, al enfermo postrado en cama, a la mujer preñada, a las madres que lactaban a sus hijos, ni a la inocencia de los tiernos párvulos, pues todos fueron víctimas del furor y de la atrocidad, de forma que según los estados comprendidos en el manifiesto impreso que se acompaña, resulta que constando la villa antes del fatal acontecimiento de 253 casas, se abrasaron y destruyeron enteramente 120, habiendo quedado sólo 133 casas, únicas existentes:...”
Quedó Castro-Urdiales y por extensión Islares sin historia
documental, perdiéndose muchos archivos, entre ellos el de la Villa
y el del Cabildo y aquellos otros que se hallaban en poder y custodia
de los escribanos locales. Dichos registros pervivirán hasta la supresión del diezmo con la desamortización de Mendizábal y permiten calcular la cosecha anual de un pueblo, el tipo de cultivo o la ganadería criada.
De los muchos testimonios recogidos se cita como ejemplo lo que escribía el párroco de Castro Urdiales al pie de la Tazmía: ”En este año de 1816 se presentaron las viñas con una muestra mediana muy irregular. Se arrasaron bastante en el brote, que comenzó a fines de marzo o más adelantado (...) fue todo el año húmedo y frío con cuyo motivo, paulatinamente, antes de la flor que fue en Julio, se perdió la mayor parte del fruto. La uva que se salvó, silvestre, tuvo últimamente en fines de Agosto un pedrisco tan copioso que arrasó desde Islares hasta el primer brocal del arenal. Con iguales accidentes se hizo la recolección de lo poco que quedó, en 8 de noviembre, vendimia que no se ha visto tan tardía y tan pobre (...)”. Es importante tener en cuenta que la región cántabra fue tierra de vino, hasta que la mejora de las comunicaciones terrestres permitió la entrada de otros caldos de mejor paladar, que llegaban de Castilla y La Rioja, compitiendo con el chacolí autóctono en calidad y precio. En las zonas de Noja, Isla, Meruelo, Argoños, Santoña, Limpias y Castro hacían chacolí para su consumo y lo mandaban en cantidad considerable a Santander. También se exportaba a Méjico y a Cuba, donde los nostálgicos emigrantes de la tierruca pagaban el chacolí cántabro al precio de los mejores vinos de Burdeos. Las actas del Cabildo de Santander de 6 de noviembre de 1816 dejaron constancia del acuerdo municipal de suprimir el aforo de chacolí porque “se había perdido la cosecha”. En varias actas sucesivas de aquel año se da noticia de la escasísima recolección de maíz y otros productos agrícolas. En 1854 Aureliano Maestre de San Juan publica la Novísima Guía
del bañista en España en la cual indica las zonas espaciales
marítimas más frecuentadas, dentro de la época que
correspondían los baños de ola o de mar. En ella se cita
la Playa de Arenillas como uno de los centros de baño del Cantábrico |
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