Los Pendios

Justo en la boca de los Pendios se proyectó a principios del siglo XX un cargadero de piedra refractaria, es decir de piedra caliza proveniente de las explotaciones de las llamadas Tierras Blancas situadas junto a la carretera general. Este tipo de piedra se usaba para el recubrimiento de los hornos de la Metalurgia.

El fallido proyecto se comprende dentro de un contexto de auge de explotaciones mineras en el entorno de Castro Urdiales, que llevó a la creación de los desembarcaderos de Dicido en Mioño, Castro Alen u Ostende.

El Peñón de los Pendios era uno de los pocos espacios entre la Costa de Castro Urdiales y Arenillas donde la escarpada forma de lenguas de piedra de la costa permitía establecer un depósito cargadero. Los Pendios forman una especie de bóveda abierta al mar de gran altura y caída, con un orificio natural a unas decenas de metros tierra adentro que conectaba directamente con el mar.

Una vez descartada la construcción del cargadero, la zona de los Pendios acaba olvidándose salvo para pescadores, submarinistas, y sobre todo las colonias de cormoranes y gaviotas que anidan en esta protección natural.

Un paseo desde Islares hasta los Pendios nos permite recorrer en sentido inverso el Camino de Santiago, llegando hasta uno de los extremos de la Milla Corrida, un pilar de piedra, idéntico al que se encuentra antes de bajar al Najo, y que era utilizado por los barcos una vez botados para medir su velocidad. Junto a la milla erigida hallamos los restos de otra, sobre la hierba y fracturada nos sirve para ver los materiales autóctonos con los que se construían (piedra caliza local y argamasa).

También cerca encontraremos los caleros de Cerdigo que por su bella ubicación frente al mar son un bello balcón al Mar Cantábrico. La junta vecinal de Cerdigo ha habilitado el entorno con bancos y paneles informativos que permiten acercarse al uso e historia de este método artesanal de obtención de la cal.

La Milla Corrida de Islares- Historia

Una de las curiosidades de Islares es que fue elegida para las pruebas de milla corrida, es decir, para evaluar la velocidad punta de los barcos recién botados. Estas curiosas construcciones, de las que no existen muchas en la geografía española, ( entre ellas las de “Ria de Ares” y “San Jorge” en el Ferrol, “Estay-Friegue” en Vigo, “Rota-Chipiona” y “Zahara de los Atunes” en Cádiz, “Terrosa-Palomas” en Cartagena y la de “Valencia Puig”), consisten básicamente en unas marcas en tierra visibles, dos pares de torres de piedra pintada de blanco. Para posibilitar una visión mejor se colocaba una estructura metálica que permitía salvar la frondosidad de los árboles, aumentando unos metros más la altura de la torre. La distancia entre marcas es de 1,2 millas naúticas (tengamos presente que cada milla naútica equivale a 1.852 metros).

La razón de su ubicación entre Cerdigo e Islares se debe por un lado a que siempre se encuentran cerca de astilleros, en este caso a unas decenas de kilómetros del puerto de Bilbao, y a que este tramo de costa es limpio de piedras, y recto, de manera que resulta ser un emplazamiento perfecto para calcular la velocidad punta de las embarcaciones.

Ya en desuso, las “torres” son ahora un vestigio de la historia náutica del Cantábrico, que pocos conocen y que merece la pena conservar y divulgar.